domingo, 20 de noviembre de 2011

Chacrita agroecologica ReSaPo


ACTA FUNDACIONAL
Soy lo que en la lengua de mi país se llama un sapo. Especie no muy apreciada de batracio, ante cuya presencia las mujeres (especialmente), saltan y gritan asustadas, quizás porque somos feos o porque nuestra piel es gruesa y verrugosa.
Pero un día los conocí a ellos y desde el principio tuvimos afinidad de piel.
Cuando llegaron a mi tierra, cubierta de una frondosa y pinchuda zarzamora que tapaba la casa y los frutales, tuvieron que abrirse paso a fuerza de machete y sudor. Yo los recibí y ellos me miraron con cariño, diciendo cosas de mí que no entendía.
Bautizaron su nuevo hogar con el nombre de RESAPO, creo que en mi honor.
Los oí asamblear a la hora del mate, entre reflexiones, peleas, risas y sueños; decían que estaban REcuperando el SAber-poder POpular. . .
Los vi pintar, sembrar, alambrar, observar cada brote, acariciar cada herramienta heredada, podar, cicatrizando con barro las heridas del árbol, todo como un ritual en el que pedían permiso a cada terrón para habitarlo.
Los escuché cuando decían:
Me quedé pensando en lo que preguntó Catalina, ¿avanzar en el terreno?.  No, el RESAPO sueña con ser parte de él, con respetarlo. Sacar debajo de los escombros y construir. Ese es el camino. Difícil. Sí, difícil. Comunitariamente posible.
El RESAPO, en la Gloria de la Peregrina. Un lugar sagrado para Ángel, Sali, Jorge, Marcela, para los que no están, el viejo de Jorge, el alambrador, el de Ángel y los viejos de Sali y para los que vendrán, los hijos, los nietos.
Recuperando el Saber Popular, lo saqueado, nuestra tierra, nuestra semilla, nuestro trabajo. Nuestra cultura. No depender, recordar y decirlo en voz alta, volver, volver a la tierra.
Volver, unirse y mezclarse. Ser con ella.
Sola no soy.
Solo no estoy.
Un día decidimos tirar las llaves.
Las puertas nunca más se cerraron.
Se coló el viento.
            La tierra.
                        El polvo.
                                   El barro.
                                               La lluvia.
                                                           El sol.
                                                           Y, nos quedamos desnudos
Tuvimos  que aprender otra vergüenza, otros miedos y un nuevo coraje.

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